El gobierno brasileño renunció a producir sensores para la

Científicos brasileños han desarrollado una tecnología innovadora para la detección temprana del nuevo coronavirus: un dispositivo portátil, conectado al teléfono celular mediante un lector USB, que tendría una efectividad similar a la prueba de PCR, que se realiza mediante la recolección de mucosa de la nariz y la garganta.

Este biosensor, resultado de un estudio iniciado hace siete años, aún no está disponible en el mercado ni en el Sistema Único de Salud (SUS) del país por decisiones políticas del gobierno de Jair Bolsonaro.

Los estudios sobre el tema se desarrollaron de forma paralela en el Centro de Tecnología de la Información (CTI) Renato Archer, vinculado al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovaciones (MCTI), y en el Centro Nacional de Tecnología Electrónica Avanzada (CEITEC), un fabricante estatal de chips y semiconductores creado por el gobierno de Lula en 2008.

En junio de 2020, el Ministerio de Economía inició el proceso de liquidación de CEITEC, impidiendo el avance del proyecto.

“CEITEC ya tenía su propia tecnología, un poco diferente a la mía”, dice Talita Mazon, doctora en Química y tecnóloga senior del CTI Renato Archer, con sede en Campinas (São Paulo).

“Pude realizar algunas pruebas para validar rápidamente su biosensor para COVID-19. Era una tecnología que ya podía estar en el mercado, porque ya tenían la capacidad de producir a gran escala”, agrega.

La línea de producción de sensores electroquímicos de CEITEC costó, en valores actualizados, alrededor de 18 millones de reales (aprox. 3,6 millones de dólares) a las arcas públicas. La sede de la empresa se encuentra en Porto Alegre (Rio Grande do Sul).

Con el desmantelamiento de esta empresa estatal, el avance de los estudios y la validación de las pruebas solo fue posible gracias a una empresa privada: la startup Visto.bio, que trabaja con el CTI desde 2020.

Mientras que cada prueba de PCR cuesta un promedio de 340 reales (aprox. 70 dólares) y debe realizarse de 3 a 10 días después del inicio de los síntomas, el dispositivo anunciado en la página web de Visto.bio detecta el coronavirus desde el punto cero de infección, solo con saliva, según información facilitada por la empresa.

El costo de un lector, para realizar hasta 10 mil pruebas, es de 300 reales (aprox. 60 dólares), más 10 reales (aprox. 2 dólares) por un recambio desechable para cada nueva prueba.


El kit consta de un lector USB que se conecta a un teléfono celular para leer datos; el recambio es un biosensor desechable con anticuerpo de virus inmovilizado. / Divulgación / Visto.bio

“Compramos todos los equipos y dispositivos necesarios para el desarrollo. Como [CTI] es una agencia pública, donamos todo el material”, explica Renan Serrano, CEO de Visto.bio. “Entonces, compartimos la patente con el CTI, 50-50”.

En el primer semestre del año, la empresa también financió la validación del biosensor para la detección de COVID-19. 70 personas fueron testeadas con éxito en el Hospital das Clínicas de la Universidade Estadual Paulista (UNESP), en la ciudad de Botucatu (São Paulo).

Además del precio, la diferencia es que el resultado se obtiene en tan solo 15 segundos, mientras que el PCR tarda hasta 7 días hábiles.

El dispositivo se encuentra en la etapa final de validación por parte de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA), que solicita un análisis clínico de mil personas.

Al ser la única empresa pública capaz de producir sensores a escala industrial, CEITEC sería capaz de agilizar los procesos de validación y autorización si no estuviera en pleno desmantelamiento.

Cifras de mayo de la plataforma “Our World in Data”, vinculada a la Universidad de Oxford, mostraron que Brasil era apenas el 78º país del mundo en número de pruebas COVID-19 realizadas. Mientras que Chile y Australia realizaron más de 700 pruebas por cada mil habitantes, en Brasil solo se hicieron 149.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera esenciales las pruebas y el cribado para el control de la pandemia.

Sin adoptar estas políticas, Brasil debería alcanzar, todavía en septiembre, la marca de 600 mil muertes por el nuevo coronavirus.

Alianza interrumpida

Los estudios para desarrollar biosensores comenzaron en el CTI hace siete años, cuando surgió el virus del Zika. 

La tecnología que está a punto de comercializar Visto.bio podría adaptarse para detectar cualquier enfermedad infecciosa. Basta con reemplazar el material biológico agregado al sensor.

Dos meses después del primer caso de COVID-19 en Brasil, CEITEC afirmó tener capacidad para fabricar sensores electroquímicos en grandes cantidades. Así lo escribió Marcos Tadeu de Lorenzi, director técnico y comercial de la empresa estatal en una carta al profesor Jorge Luiz Pesquero, doctor en biología molecular, el 30 de abril de 2020.

Pesquero coordinaba un grupo de investigación sobre el tema en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG).

“La producción de sensores electroquímicos para pruebas rápidas (…) [es] una tecnología robusta, con un bajo costo de producción, y que genera resultados rápidos. CEITEC ya está desarrollando una plataforma integrada para pruebas electroquímicas, que permitirá realizar los testeos con un simple smartphone“, escribió de Lorenzi.

“CEITEC tiene toda la línea de pruebas y envasado en pleno funcionamiento. (…) Tiene, por ejemplo, una capacidad de producción que puede llegar a más de 1 millón de unidades al mes”, completó el director técnico y comercial de la empresa estatal, en una carta obtenida en exclusiva por Brasil de Fato.

Los especialistas de CEITEC escuchados por el medio confirmaron que la capacidad aproximada era de 1,5 millones de unidades al mes.



  CEITEC fue creado en 2008 y se encuentra en estado de liquidación. / Divulgación

Después de contactos de varias universidades y centros de investigación, se estableció una asociación entre CEITEC, CTI Renato Archer y el Instituto de Biología Molecular de Paraná (IBMP), una asociación sin fines de lucro de derecho privado.

Una carta de intención, con fecha de 23 de julho de 2020, formalizó el deseo de las tres instituciones de cooperar para la “validación de sensores para aplicaciones biológicas, con potencial de producción a escala, y con versatilidad para soluciones personalizadas que involucren diferentes escenarios de diagnóstico, como para el virus del Zika y la COVID-19”.

El documento fue firmado por el director del CTI, Jorge Vicente Lopes da Silva, por el presidente de CEITEC, Paulo de Tarso Mendes Luna, y por el director presidente de IBMP, Pedro Ribeiro Barbosa.

La alianza también involucró a científicos de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) en Paraná, con una tarea específica.

“Lo que se puede producir manualmente en un laboratorio no siempre es viable como producto. Este fue uno de los puntos clave de Fiocruz en la alianza”, explica Zoldan, especialista en tecnología electrónica avanzada de CEITEC.

“Evaluaron qué tan atractivo comercialmente era el proyecto, considerando el costo de transformar el prototipo en un producto”.

En el mismo mes, el proyecto “Desenvolvimentos colaborativos multicêntricos de testes point of care (POC) para diagnóstico de covid-19″, elaborado por las tres instituciones, quedó fuera de la lista de aprobados en la convocatoria del Concejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPQ) para el combate a la pandemia.

“Probamos varias convocatorias. Pero CEITEC, lamentablemente, entró en proceso de liquidación y fue muy difícil desarrollarlo con ellos”, cuenta Talita Mazon.

El 25 de agosto de 2020, en pleno desmantelamiento, CEITEC presentó una solicitud de patente ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) bajo el título “Dispositivo sensor electroquímico tipo micromódulo”.

La patente fue aceptada y publicada oficialmente el 6 de abril de este año, cuando la empresa estatal ya estaba prácticamente desmantelada y sin poder producir sensores.

Además de Zoldan, la lista de inventores incluye a los ingenieros mecánicos Eduardo Poletto Höehr y Jefferson Frasson y los físicos Ronald Tararam, Artur Pfeifer Coelho y Ludmar Guedes Matos.

La liquidación

El desmantelamiento de CEITEC por parte del gobierno Bolsonaro fue decisivo para que la alianza no despegara.

“Cuando CEITEC ingresa al PPI [la sigla en portugués para el Programa de Alianzas de Inversiones] a principios de 2019 y luego pasa al Programa Nacional de Desestatización [PND], todo lo que tenía la empresa en términos de desarrollo fue rechazado. La administración del CEITEC pasó a ser exclusivamente el Ministerio de Economía”, explica Silvio Luis Santos Júnior, presidente de la Asociación de los Colaboradores de CEITEC (ACCEITEC).

Este primer paso fue celebrado por Salim Mattar, fundador de la empresa Localiza y, en ese momento, secretario de Desestatizaciones en el portafolio que encabeza el ministro Paulo Guedes.

“CEITEC […] fue la primera empresa estatal liquidada. Esto significa una empresa estatal menos, que solo cargaba al ciudadano contribuyente”, escribió en su cuenta en Twitter el 11 de junio de 2020.

El Ministerio de Economía, luego, asumió el nombramiento de consejeros del CEITEC, bloqueando la adquisición de insumos para el desarrollo de proyectos como el biosensor.

“Ahora bien, para gastar un real, no basta con justificar, es necesario convencer al consejero de que esto es fundamental para la continuidad de la empresa. Es decir, solo agua, luz y algún insumo estrictamente necesario”, dice Santos Júnior.

“Así que nos enyesamos. Prohibieron al directorio de CEITEC comprar cualquier cosa para desarrollar los proyectos”.

Vinícius Zoldan ejemplifica esta situación al recordar la compra de un insumo específico, que tardó de junio a octubre en ser liberado.

“Para avanzar con el desarrollo de sensores en alianza con el CTI, dependíamos de la compra de la cinta de micromódulos. Fue como una telenovela. Recuerdo haber escrito unos 30 informes explicando la necesidad [de la compra], y recibimos mil excusas diferentes, porque estaban esperando la respuesta de la junta”, dice.

“[Los consejeros] se reunían una vez al mes. Entonces, si hacíamos una solicitud en una reunión, nos pedían una explicación adicional. Al mes siguiente, pedían dos o tres detalles más. Y así. Imagínese lo que son tres o cuatro meses de espera en medio de una pandemia”.

Las actas de las reuniones de la Junta Administrativa muestran que las denegaciones se repitieron sin más explicaciones.

 

Un extracto del acta de la reunión de la junta de CEITEC en agosto de 2020; los consejeros rechazaron la compra de insumos sin más detalles / Reproducción

“Toda esa burocracia parecía intencionada”, observa Silvio Luis Santos Júnior, representante de los trabajadores de la empresa pública.

Como si el retraso en la adquisición de insumos no fuera suficiente, se despidió a todo el equipo de desarrollo que trabajaba en la línea de biosensores de CEITEC.

“Hasta hicimos algunas rondas de pruebas. Ellos [CTI] nos enviaron muestras y nosotros enviamos los prototipos. Cerca de mi despido, ya se estaban realizando pruebas prácticas en un hospital con estos sensores”, recuerda Vinícius Zoldan, de CEITEC.

El despido Zoldan del cargo de experto en tecnología electrónica avanzada se concretó el 26 de julio de 2021.

“Se envió una última ronda de pruebas al CTI, pero no hubo ruptura oficial de la alianza”, dice el científico.

“Recuerdo un último correo electrónico suyo [de Talita Mazon], al que ni siquiera respondí porque ya conocía la fecha de renuncia, la mía y de todo el equipo. Ni siquiera sabía qué decir, pero el mensaje fue lo más obvio posible: si no queda nadie del área de desarrollo, no hay forma de seguir”.

A principios de septiembre, el Tribunal Federal de Cuentas (TCU, por su sigla en portugués) ordenó al gobierno federal suspender la liquidación de CEITEC. El Ministerio de Economía tiene hasta finales de octubre para justificar el interés público en esta decisión.

El abandono a la ciencia

Según un relevamiento de la economista Fernanda De Negri, del Instituto de Investigaciones Económicas Aplicadas (IPEA, por su sigla en portugués), obtenido por el diario O Estado de S. Paulo, las inversiones del gobierno federal en ciencia y tecnología en 2020 fueron las más bajas en 12 años.

Este año, el presupuesto del CNPQ fue el más bajo del siglo: 1,21 mil millones de reales (aprox. 242 millones de dólares), menos de la mitad de lo disponible el año pasado.

Después de su despido, Zoldan dejó de producir ciencia en Brasil. Simplemente no abandonó el país porque su esposa estaba embarazada y la pareja decidió no mudarse.

“El gobierno invirtió en mi formación, me pagó la universidad, la maestría, el doctorado, el posdoctorado. Cuando estaba en la cima de la capacidad productiva y realmente podía devolver esta inversión a Brasil, me despidieron. Después de lo que pasó con CEITEC, dejé el área académica, tiré 20 años de trabajo”, concluye el científico, que ahora se desempeña como asesor de inversiones.



Parte da estrutura interna do Ceitec, colocado em liquidação pelo governo Bolsonaro / Arquivo/ACCEITEC

El otro lado

Brasil de Fato presentó la información, críticas y preguntas sobre este tema al MCTI, al Ministerio de Economía, al CNPQ y a la actual dirección del CEITEC.

El artículo también cuestionó al Ministerio de Salud, para saber si estaban al tanto de las etapas de desarrollo del biosensor para la detección de COVID-19.

No hubo respuesta en ninguno de los casos.

Edición: Anelize Moreira

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